TORNEO PANAMERICANO DE TKD – SANTOS, BRASIL 2018

 

8 horas antes del panamericano…

El sonido de las agujas del reloj hace eco en la oscuridad. Mi cabeza se encuentra apoyada en la almohada pero mis ojos siguen abiertos mirando un techo apenas visible en la penumbra. Solo faltan horas; solo faltan horas para el momento de la verdad. Los escalofríos llegan aunque la noche sea cálida, las pulsaciones suben aunque mi cuerpo se encuentre inmóvil. Los nervios y las ansias son los protagonistas de mis pensamientos. 

Han pasado meses de entrenamiento, meses de levantarme temprano y acostarme tarde por dedicarme a mejorar. Los sacrificios son incontables pero atraviesan mi mente como ráfagas de viento incontenible. Estoy a miles de kilómetros de mi hogar, en un país extranjero, pensando en la oscuridad sin poder dormir; a unas cuantas horas de la competencia. 

Pienso en lo que podría pasar. Pienso en la victoria y en la derrota. Pienso en la alegría y en la tristeza. Pienso en sentir cuando el juez levante mi mano, y en ver decepcionado que la mano que se alza por sobre nuestro enfrentamiento, es la de mi rival. 

Pienso en que mañana terminará todo de una forma u otra. Pienso en que mañana sabré si todo valió la pena. Pienso en que mañana estaré solo, enfrentándome ante un desconocido. Pienso en que si mañana no me alzo con la victoria, mis manos quedarán vacías. 

Pienso todo esto… pero miro a mi alrededor… y me doy cuenta de que estoy equivocado…

Aunque no los vea por la oscuridad, sé que están a mi lado. Sé que están mirando al cielo igual que yo y que se hacen las mismas preguntas. Son mis compañeros y mis amigos, los que hoy me acompañan en esta habitación y los que me acompañan hace meses entrenando. Son los que se han levantado conmigo temprano y los que se han acostado tarde entrenando a mi lado. Son los que han mejorado conmigo y me han ayudado a mejorar. Son los que han sacrificado tanto como yo, han viajado miles de kilómetros a mi lado y entonces me pregunto… ¿Qué derrota podría alejarlos de mi lado? ¿Cuántas veces me han levantado de mis fracasos y mis tropiezos? ¿Quién podrá borrar nuestras risas, nuestros enojos, nuestras experiencias vividas? ¿Quiénes me acompañarán en la victoria o en la derrota sin importar que pase? Me pregunto y me respondo NINGUNA, TODAS, NADIE, ELLOS. 

Pienso en mí, pero también pienso en ellos. Nada nos quitará lo que hemos ganado, nadie nos arrebatará todo lo que hemos mejorado. Nada romperá el equipo que ahora somos, nadie borrará las vivencias que ahora compartimos. Pienso en que mañana no terminará nada. Pienso que mañana no sabré si todo valió la pena, porque eso ya lo sé hoy; veo en donde estamos, veo con quien estoy, veo lo que hemos logrado, veo las cosas que hemos vivido y sé que ¡Todo valió la maldita pena! 

No necesito imaginar que el juez levanta mi mano, porque estoy seguro de que antes que eso, las voces de mis compañeros se levantarán a mis espaldas mucho más alto. No me atemoriza imaginar la derrota, porque sé que algo aprenderé, y si aprendo no pierdo. No me preocupo por imaginar que mis manos queden vacías, porque si eso pasa, sé que mis hombros estarán repletos de manos. 

No me distraigo en imaginar que en unas horas estaré solo, enfrentándome a un desconocido, porque sé que mis compañeros no se apartarán de mi lado, y porque sé… que la verdadera pelea será contra mí mismo. 

El sentir de un luchador …….

SEN