LA PRACTICA DEL TAEWKONDO EN FAMILIA

 

Este año se va cumplir siete años de mi regreso al camino del TAEKOWNDO, el cual ha generado encontrados sentimientos en mi persona, propios de un practicante de cuarenta años, desde alegrías, angustias, dolor, hasta una gran satisfacción de haber alcanzo metas que jamás pensé que podrían sobrevenir, pero uno de ellas superó todas mis expectativas, recorrer el mismo camino conjuntamente con mis hijos y mi esposa, no solo como familia sino como practicante.
La razón de esta afirmación es porque la vida de un practicante de arte marcial, no se circunscribe a la práctica en un dojan, sino que las enseñanzas que del mismo emanan se traslada a la vida diaria, con la implicancia que incide respetar los valores que día a día nuestra arte pregona.

Es así que desde que mis hijos como mi esposa adoptaron la decisión de iniciar este camino, lo primero que intente transmitirle es que el arte marcial no se circunscribe a un simple sucesión de golpes y patadas cuyo único propósito es destruir al objetivo al cual van dirigidos, o demostrar que el conocimiento de esas técnicas otorga a cada uno una superioridad física sobre sus posibles oponentes, sino que más allá de su contenido bélico, poseen un halo que representa el espíritu de lo inmaterial, del sentimiento, del afecto, de la improvisación y de la creatividad, incluyendo en todo lo concerniente a la moral, la disciplina la justicia y la ética, es decir, principios y valores que deben siempre acompañar al practicante, de allí que por su exigencia muchos inician y pocos continúan.

Evacuada esta instancia, y comprendiendo este alcance, -acorde a sus edades y capacidades de entendimiento- aceptaron iniciar este camino.

A partir de ese momento empezamos a tener los primeros síntomas de practicantes, incorporar en nuestras conversaciones diarias, además del trabajo, de recreaciones, del estudio, el TAEKONWDO. En efecto, sea en el desayuno o en la cena, siempre existió y existe un comentario, extenso o breve pero relacionado a nuestra arte, de lo más simple a lo más profundo como la organización de la practicas, las dificultes en las técnicas, la interrelación con los compañeros a instancia de celebrarse un combate, los cursos y sus finalidades, el interés de enseñanza, ext.

Consecuente con lo expuesto, comenzaron aparecer la necesidad de instrumentar eso valores y principios que del dojan se aprenden pero que en la vida se ejecutan, como ser perseverar en la práctica más allá de nuestro lugar de práctica, sin importar el frio o el calor, el cansancio o el estado de ánimo, el no adoptar la decisiones que afecte nuestra integridad personal, y principalmente en respetar a uno mismo.

Y es aquí, donde pongo acento en la importancia de familia, y lo que la misma genera en forma recíproca entre sus integrantes

MOTIVACION, a instancia de ver a un niño hacer una práctica de adulto, de un adulto esforzándose día a día como un niño ante las dificultades técnicas que por edad son difícil de asimilar y no obstante continua y adolescente que pese a sus dolencias físicas no abandona el camino iniciado.

PROTECCION constante, ante la adversidad generada por propios y extraños, para continuar y no desviarnos de arte elegido, que en definitiva es lo más importante

FELICIDAD PLENA, , LA CUAL MUCHAS VECES NO SE EXTERIORIZA EN UN DOJAN, sino en la práctica del arte fuera del mismo, en pequeños actos como correr bajo la lluvia, hacer la forma todos juntos en un parque, exigirnos una y otra vez en una técnica, alentándonos uno y otro hasta lograr el objetivo, y principalmente todos juntos.

Cada practicante tiene un fin, un DO, y ese siempre individual, uno no puede entrenar por sus hijo o por su esposa, como tampoco pude ni debe ser un protector constante ante las dificultades que día a día deben atravesar y resolver, sin embargo y lo que en definitiva en esto años de práctica en familia puede corroborar, fueron la palabras que mi maestro me ha enseñado desde mi adolescencia:

“YO NO PUEDO CAMINAR NI PRACTICA POR VOS, PERO SIEMPRE CUANDO GIRES TU CABEZA AL COSTADO, AHI ESTARE”

Y esto es lo más significativo que cada uno de los integrantes de mi familia ha experimentado de practicar taekown do, lo cual deseo fervientemente puede continuar a través de los años.

Familia Pajaro