La Generación Perdida

 

“Esta generación está perdida”. La típica frase que expresa la mediocridad del hombre adulto y filisteo, del anciano terco, y de la mujer resignada. Decir que la generación está perdida implica el fracaso de la anterior al perderla, una escultura nunca podrá convertirse en obra maestra si el artista reniega de su propia creación.

Toda generación venidera ha sido dotada con una condición esencial, un espíritu de rebeldía natural que expresa la adolescencia de su trayectoria en la historia cultural de la humanidad. Sin embargo, este reproche constante hacia la generación presente, no debe interpretarse como algo negativo. El conflicto entre las generaciones producirá el avance de la sociedad en su conjunto. Esta pelea siempre se expresará en contrastes muy determinados, por un lado el intento de la vieja generación de replicarse en la venidera, y el esfuerzo de la nueva, por alejarse lo más posible de la pasada. En esta dicotomía es que surge el progreso, las dos posturas son necesarias y hacen al balance. La terquedad rutinaria de la vieja generación pondrá los límites y el idealismo desmedido de la venidera proyectará el futuro.

Dos generaciones nunca coexistirán en paz, siempre se mantendrán en asperezas irresolubles y discusiones irreconciliables. Esto es así, y no podría ser de ninguna otra forma, la existencia del tramado social y su estabilidad requieren que así sea. Si una de las partes cediera ante la otra, el caos, o incluso peor, el estancamiento predominarían en la vida cotidiana.

Si la generación pasada no pusiera los límites a la nueva, ésta terminaría por desbarrancar en su desarrollo hacia el abismo del caos. La vorágine de impulsos idealistas de caracteres heroicos y románticos son los pilares del progreso, pero no sirven para concretar los proyectos generacionales. De igual forma si los ideales de la nueva generación aceptaran el sometimiento de las reglas moralistas de sus predecesores, no podría concebirse avance alguno. El agua estancada está destinada a pudrirse, para el idealista, para el genio, para el visionario y el artista, para el hombre en especie, el estancamiento es igual, o peor que la muerte, el estancamiento de una sociedad sería entonces equivalente a la muerte de la misma.

Solo el idealismo estoico, madurado en el conflicto y fortalecido en la racionalidad de la adultez puede formar el progreso en concreto, es producto del balance entre la guerra constante de las generaciones.

La nueva generación busca el cambio y la vieja busca evitarlo, si la emergente fuese un hombre corriendo, la actual es una pesada mochila con la que debe cargar, el peso le impedirá al hombre correr a gran velocidad, pero lo volverá fuerte y robusto, capaz de alcanzar sus metas. Si quitamos el peso del hombre, correría lejos pero débil y ante la primer dificultad sucumbiría, en cambio, si el peso fuera demasiado, el hombre no podría correr, tal vez ni caminar, y caería de rodillas derrotado.

  En conclusión, la generación no está perdida, los perdidos son los necios que reniegan y se resignan ante la confrontación de los nuevos modelos emergentes. La elección es personal, uno puede entregarse a la mediocridad y desconocer a la generación venidera, o puede ser guía, educador, conciliador, y fomentador del progreso. El maestro en todas sus variantes, deberá ser fortalecedor de la nueva tendencia, poniendo límites adecuados y sin opacar la inventiva del futuro. “Esta generación está creciendo”. SEN

Prof. Emiliano Sposato
III DAN I.T.F. MASTKD